Analfabetismo y desigualdad

Actualmente hay 781 millones de personas en el mundo que carecen, en mayor o menor grado, de competencias en las áreas de escritura y lectura, según estadísticas del Informe de Seguimiento de Educación para Todos de la UNESCO (2015). Las personas analfabetas tienen mayor probabilidad de vivir en los márgenes de pobreza, ser dependientes de otra persona, tener baja autoestima (Baca Lobera, 2009), ejercer trabajos manuales como la limpieza de casas o cuidado de ancianos y depender de otros para hacer diligencias. Además, el analfabetismo no afecta solamente a la persona analfabeta sino a sus hijos y su entorno tanto familiar, como comunitario (Benítez, Manrique y De Mier, 2014).

Los adultos que no aprendieron a leer y escribir en edad escolar tienen dificultades con una serie de destrezas cognitivas como la memoria de trabajo, el proceso de abstracción, la memoria semántica a largo plazo, dificultad con cálculos matemáticos (Reis, Guerrero y Petersson, 2003), así como la toma de decisiones y planificación, la atención (Abadzi, 2005), destrezas motoras y visoespaciales (Ardila et al, 2010). Existen diferentes explicaciones para entender porque las personas son analfabetas o iletradas. Por una parte se puede considerar la dimensión social que considera la pobreza, el labor infantil y el poco acceso a las escuelas, como razones para la deserción escolar o la falta de escolaridad. Por otra parte, la dimensión personal que se refiere a problemas de aprendizaje o condiciones cognitivas y/o físicas que afecten el desempeño y la retención en el salón de clases (Ardila et al, 2010).

Entendemos como alfabetización:
“las habilidades lingüísticas y cognitivas necesarias para el ingreso al mundo de los conocimientos que la humanidad ha producido a lo largo de su historia y que han sido conservados mediante la escritura. Las personas participan de este conocimiento cuando pueden comprender el lenguaje oral y escrito, cuando pueden usar el lenguaje oral y escrito para reelaborar y producir nuevos textos y cuando pueden leer y escribir para adquirir conocimientos a partir de los textos” (Borzone et al, 2005 en Benítez, Manrique y De Mier, 2014; p. 93).

El derecho a la educación es un derecho humano que no le debe ser negado a nadie por su condición económica, su raza o género o facultades cognitivas. Saber leer y escribir supone la inserción al mundo social y el acceso a la información, así como la posibilidad de movilidad social. Según la declaración universal de derechos humanos de la ONU:

• Toda persona tiene derecho a la educación. La educación debe ser gratuita, al menos en lo concerniente a la instrucción elemental y fundamental. La instrucción elemental será obligatoria. La instrucción técnica y profesional habrá de ser generalizada; el acceso a los estudios superiores será igual para todos, en función de los méritos respectivos.

• La educación tendrá por objetivo el pleno desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales; favorecerá la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y todos los grupos étnicos o religiosos, y promoverá el desarrollo de las actividades de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz.

Como voluntaria del programa de alfabetización de adultos del Centro de Acción Urbana, Comunitaria y Empresarial (CAUCE), coordinado por la Dra. Ana Luisa Baca, he sido testigo del poder transformativo de la palabra escrita y del empoderamiento que supone potenciar las capacidades y destrezas de personas a las que el sistema educativo formal les falló, o que las condiciones económicas impidieron su acceso a la escolaridad. Es de suma importancia invertir recursos, esfuerzos en la educación básica de lectoescritura, así como en el desarrollo del pensamiento crítico para la formación de ciudadanos creativos, autónomos y solidarios.

Referencias:
Abadzi, H. (2005). Adult illiteracy, brain architecture, and empowerment of the poor. Adult Education and Development, 65,19–34.

Ardila, A., Bertolucci, P. H., Braga, L. W., Castro-Caldas, A., Cole, M., Judd, T., Kosmidis, M. H., Matute, E., Nitrini, R., Ostrosky-Solis, F., and Rosselli, M. (2010). Illiteracy: The Neuropsychology of Cognition without Reading. Archives of Clinical Neuropsychology, 25(8), 689–712.

Baca Lobera, A.L. (2009). La investigación neurológica y los adultos iletrados. Revista Interamericana de Psicología, 43(3), 491-495.

Benítez, M. E., Manrique, S. & De Mier, V. (2014). Las dimensiones sociales, cognitivas y lingüísticas del proceso de alfabetización en jóvenes y adultos Aportes de la investigación y la práctica. Revista Interamericana de Educación de Adultos, 37(1), 89-106.

La declaración universal de derechos humanos (s.f.). Recuperado de http://www.un.org/es/universal-declaration-human-rights/

Reis, A., Guerreiro, M & Petersson, K.M. (2003). A Sociodemographic and Neuropsychological Characterization of an Illiterate Population. Applied Neuropsychology, 10(4), 191-204.

UNESCO (2015). La Educación para Todos, 2000-2015: logros y desafíos. Ediciones UNESCO.

Foto I.L.P.

Irene Lafarga Previdi
irene.lafarga@gmail.com
Estudiante graduada de psicología Social Comunitaria de la Universidad de Puerto Rico con interés en la investigación e intervención sobre temas diversos como la trata humana, la alfabetización de adultos, y asuntos de género y sexualidad.

 

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Reflexión sobre el uso de la música en la prevención de violencia

En el 1996, la Asamblea Mundial de la Salud declaró la violencia como un asunto prioritario para la salud pública. Según Krug, Mercy, Dahlberg y Zwi (2002), alrededor de 4,400 personas perecen todos los días debido a actos violentos auto-dirigidos, interpersonales o colectivos, cuyas causas resultan ser complejas y ocurren en diferentes niveles (ver Krug et al., 2002). No obstante, las investigaciones sobre violencia escolar han aumentado significativamente (Cava, Buelga, Musitu y Murgui, 2010). De igual forma, diversos estudios han arrojado lo extendido que se encuentra este fenómeno, el cual está presente en todos los países (Del Barrio et al., 2008; Del Rey y Ortega, 2008; Smith, 2004). Esta violencia envuelve varios tipos de conductas transgresoras que tienen lugar en escuelas e institutos. Entre éstos se encuentran actos delictivos leves, que incluyen la rotura de cristales, hasta patrones de comportamiento más graves y relacionados con la agresión física y verbal a profesores y compañeros (Cava y Musitu, 2002; Díaz-Aguado, Martínez y Martín, 2004). Por tal motivo, existe la preocupación, necesidad e interés de incrementar intervenciones dirigidas a contrarrestar la violencia escolar. Para propósitos de la discusión, se expondrá y analizará la propuesta de Nöcker-Ribaupierre y Wölfl (2010), cuyo trabajo parte desde la práctica de la musicoterapia.

Las escuelas son la base de la formación de individuos en una sociedad. En los últimos años (ver McFerran & Wölfl, 2015; Nöcker-Ribaupierre & Wölfl, 2010), se ha abordado el planteamiento sobre los usos de la música como un mecanismo de prevención de violencia en los contextos escolares, ya que se entiende que este tipo de arte permite adquirir nuevas habilidades emocionales y cognitivas, capacitando a las personas para hacer frente a los retos de la vida (Hüther, 2004). En el proyecto piloto de Nöcker-Ribaupierre y Wölfl (2010), diseñado para amortiguar tales conductas violentas en dos escuelas en Alemania, el objetivo clínico es apoyar a los niños y adolescentes para que expresen su estado emocional y su tensión agresiva. A través de la música, los autores buscan la regulación del afecto y la agresión, la resolución de situaciones de conflicto, la evitación y la resistencia de situaciones amenazantes y el manejo constructivo dentro de un marco temático. Asimismo, el proyecto promueve el respeto recíproco, la aceptación de las diferencias individuales, la integración social y la disminución de prejuicios para desarrollar una sensación de unión emocionalmente estabilizadora, experimentada de manera lúdica y apoyada terapéuticamente. De esta forma, la música funcionará como vínculo a la diversidad e interculturalidad (Tan, Pfordresher y Harré, 2010).

De acuerdo a Congreve (2011, p. 13), “la música tiene encantos para calmar un pecho salvaje, para ablandar rocas, o doblar un roble nudoso”. En un mundo donde se puede observar la necesidad de implementar estrategias efectivas y novedosas, es imprescindible la aplicación de este arte como herramienta preventiva y curativa para promover el bienestar y el desarrollo social dentro del contexto escolar. Sin embargo, a pesar de que ha de tener consideraciones adicionales al diseñar un programa que utilice la música como mediador de la violencia (McFerran & Wölfl, 2015), esto muestra el avance y papel que desempañan las artes en la sociedad, proveyendo así el espacio ante nuevas posibilidades, tales como la creatividad, flexibilidad y compresión de intervenciones efectivas contra la violencia.

juan

Juan Ortiz,
Estudiante sub-graduado de Justicia Criminal en la Universidad de Puerto Rico. Mis intereses académicos giran en torno a la aplicación de la músicoterapia en el escenario clínico y en el uso problemático de sustancias.

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Referencias
Cava, M. J., Buelga, S., Musitu, G., & Murgui, S. (2010). Violencia escolar entre adolescentes y sus implicaciones en el ajuste psicosocial: un estudio longitudinal. Revista de Psicodidáctica, 15(1), 21-34.
Cava, M. J., y Musitu, G. (2002). La convivencia en la escuela. Barcelona: Paidós.
Díaz-Aguado, M. J., Martínez, R., y Martín, G. (2004). Prevención de la violencia y
lucha contra la exclusión desde la adolescencia. Madrid: Ministerio de Trabajo
y Asuntos Sociales, INJUVE.
Del Barrio, C., Martín, E., Montero, I., Gutiérrez, H., Barrios, A., y De Dios, M. J. (2008).
Bullying and social exclusion in Spanish secondary schools: national trends from 1999
to 2006. International Journal of Clinical and Health Psychology, 8(3), 657-677.
Del Rey, R., y Ortega, R. (2008). Bullying in poor countries: Prevalence and coexistence
with other forms of violence. International Journal of Psychology and Psychological
Therapy, 8(1), 39-50.
Hüther, G. (2004). Ebenen salutogenetischer Wirkungen auf das Gehirn. Musiktherapeutische
Umschau, 25(1), 16–25.
Krug, E. G., Mercy, J. A., Dahlberg, L. L., & Zwi, A. B. (2002). The world report on violence and health. The Lancet, 360(9339), 1083-1088.
McFerran, K., & Wölfl, A. (2015). Music, Violence and Music Therapy with Young People in Schools: A Position Paper. Voices: A World Forum for Music Therapy, 15(2). doi:10.15845/voices.v15i2.831
Nöcker-Ribaupierre, M., & Wölfl A. (2010). Music to counter violence: a preventative approach for working with adolescents in schools. Nordic Journal of Music Therapy, 19(2), 151-161.
Smith, P. K. (2004). Bullying: recent developments. Child and Adolescent Mental
Health, 9(3), 98-103.
Tan, S. L., Pfordresher, P., & Harré, R. (2010). Psychology of music: From sound to significance. Psychology Press: New York.

Violencia, Discapacidad y sus Efectos en la Salud Mental

El diccionario de la Real Academia Española en la última edición en su versión electrónica, nos instruye que la palabra violencia viene del latín Violentia. Esta entidad establece en una de sus definiciones de violencia como: «Acción violenta o contra el natural modo de proceder». En el mundo la violencia se representa de diversas maneras, física, verbal, sexual, etc… Todas estas modalidades de violencia pueden dejar una marca en los seres humanos que pueden tener efectos devastadores en la salud mental del ser humano. No obstante, existe un acto violento que puede tener unos efectos muy dañinos para los seres humanos. ¡La guerra! La palabra guerra, nos ilustra la misma versión electrónica del diccionario de la Real Academia Española que proviene Del germ. *werra ‘pelea, discordia’; cf. a. al. ant. wërra, neerl. medio warre. Significa, entre otras cosas, lucha armada entre dos o más naciones o entre bandos de una misma nación. También puede significar pugna entre personas.

Los actos violentos se realizan por diversas razones y a diferentes grupos poblacionales. Estos grupos poblacionales a los que se le hace una demostración violenta usualmente son grupos minoritarios y que, en ocasiones se les llama grupos vulnerables. Es de uno de estos grupos de los que me gustaría comentar en este artículo que escribo. El grupo de las personas con discapacidad y los efectos que tiene este tipo de actuación en la salud mental de este grupo poblacional.

De acuerdo a datos ofrecidos por la Organización de las Naciones Unidas, (2008) en su sección UNenable, destinada a temas relacionados a las personas con discapacidad, por cada niño que mueren en zona de guerra, 3 resultan heridos o con discapacidad permanente.

Según la Organización Mundial de la Salud, en algunos países, hasta una cuarta parte de las discapacidades son resultado de heridas y violencia. Las personas con discapacidad tienen más probabilidad de ser víctimas de la violencia o la violación, según un estudio británico de 2004, y menos probabilidad de obtener intervención policiaca, protección jurídica y cuidados preventivos. Las investigaciones indican que la violencia contra los niños con discapacidad ocurre a tasas anuales por lo menos 1.7 veces mayor que en el caso de sus pares no discapacitados. Son en estas consecuencias en las que me deseo enfocar al escribir el siguiente artículo. Cuando dos o más naciones comienzan una guerra sus efectos se sienten de inmediato en el mundo civil. Hay miedo, ansiedad y tristeza y hasta depresión.   Una de las maneras, pero no la única, de que la guerra tenga los efectos anteriormente mencionados en la población civil es a consecuencia de las minas que todavía existen en diferentes países, incluyendo Vieques, las cuales pueden explotar y hacer que miles de civiles pierdan algún tipo de extremidad. Una granada que explote en un poblado lleno de personas civiles puede hacer que esta población pueda perder algún tipo de extremidad.

Tanto en actos violentos entre vecinos, como en conflictos bélicos, existe la posibilidad de que una persona adquiera un daño cerebral a consecuencia de un golpe directo al cerebro o agresión. A esto la autora Elena Galián Paramio le llama Traumatismo Craneoencefálico (Galián,2013)

Como ya hemos visto, ya sea a consecuencia de violencia en las calles o en conflictos bélicos, las consecuencias de la violencia pueden conllevar a que personas inocentes ajenas a la situación y/o las que se encuentran en el mismo conflicto, pueden adquirir cualquier tipo de discapacidad.   Esto puede trastocar los factores psicosociales de los seres humanos. Para trabajar con la secuela que sobreviene a raíz de este tipo de acto violento, tanto con las víctimas de estos actos como con sus familiares, se podrían realizar intervenciones de índole grupal, individual y hasta utilizar técnicas de negociación, las cuales se utilizan en la mediación, para aprender a manejar los conflictos y situaciones.

Pese a que no todos los procesos de diálogo y mediación tienen resultados positivos, como se puede ver en el artículo “Mediación en Naciones Unidas, publicado por Kevin Brown en la Revista de Mediación, (versión electrónica), ciertamente no todo proceso de este tipo es efectivo. No obstante, entiendo que el intentar resolver los conflictos mediante el diálogo contribuiría a disminuir que personas inocentes adquieran una discapacidad para que de esta forma se puedan tratar de evitar que se trastoque la salud mental de un ser humano a consecuencia de actos violentos.

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Milton J. Garland Solá, MA. – Mlton tiene una maestría en Consejería Psicológica y actualmente es Mediador de Conflictos Certificado por el Tribunal Supremo de Puerto Rico.

Referencias:

http://www.un.org/spanish/disabilities/default.asp?navid=42&pid=1369

http://dle.rae.es/?id=brdBvt6

http://www.un.org/es/sg/messages/2008/mineawareness2008.html

https://revistademediacion.com/numeros/volumen-9-no-1/

Galián Paramio, Elena (coord.) (2013) Convivir con el Daño Cerebral Adquirido. Editorial Síntesis S.A. Madrid.

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CULTURANATURALEZA

La separación que pretendemos hacer entre YO y AQUELLO, como en cualquier aseveración dualista o binaria, insta a la fragmentación. Propicia la actitud de cortar, dividir, etiquetar, crear lemas, levantar banderas y causas que justifican la violencia (Powell, 1999). Identifiquemos los círculos viciosos de problemas que engendran estos procesos del pensamiento para movernos hacia la integración y la no violencia. Comencemos por reconocer la relación implícita en todo dualismo y con ello la falsedad de tal separación.

 

CULTURANATURALEZA

Cultura o naturaleza,

un acomodo en negación del otro,

que oculta con gran sutileza

la certeza del mismo rostro.

Pareciera que natural y cultural

fueran categorías descompuestas,

tan contrarias al comparar,

tan inconexas y tan opuestas.

Pero nada más lejos de la mutualidad

constitutiva de ambos aspectos,

la que implica en toda dualidad

la relación de sus elementos.

No sería lo cultural

sin que lo natural lo contradijera.

Qué sed saciaría un manantial

sin que la sequía la enriqueciera.

No habría expansionismo mundial

sin que lo regional lo resistiera,

ni se daría una gracia grupal

sin que el egoísmo se enalteciera.

Así, cada vez que acalora abajo

aparece nevada la cima

y si la suerte una esmeralda atrajo

el riesgo se asoma en la esquina.

Si la verdad se creyera en un hecho

del cielo se escuchan los retos al duelo,

tal si las manos se aferran al techo

los pies se resbalan en lodo del suelo.

Porque lo construido no se elevaría

sin un soplo natural desde lo hondo,

ni a ser figura lo natural llegaría

sin que lo construido fuera su fondo.

Ni lo construido ni lo natural

se formarían en campos puros

y a lo más que pueden aspirar

es a ser híbridos como ninguno.

Al fin, si es cultural o natural

será ilusión del que lo nombra,

ya que es imposible separar

el cuerpo de su propia sombra.

Albith Delgado Roque

Revisado, agosto 2015

 

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Las violaciones y agresiones sexuales

Según la Organización Mundial de la Salud (2002) la agresión sexual se define como todo acto sexual, la tentativa de consumar un acto sexual, los comentarios o insinuaciones no deseados o las acciones para comercializar o utilizar cualquier modo la sexualidad de una persona mediante coacción por otra, independientemente de la relación de ésta con la víctima, en cualquier ámbito, incluidos el hogar y el lugar de trabajo. La agresión sexual constituye una de las conductas delictivas de mayor incidencia en Puerto Rico a pesar de ser uno de los delitos menos reportados. De acuerdo a las Naciones Unidas, la violencia contra la mujer “constituye una manifestación de relaciones de poder históricamente desiguales entre el hombre y la mujer que han conducido a la dominación de la mujer y a la discriminación en su contra por parte del hombre e impedido el adelanto pleno de la mujer, y que la violencia contra la mujer es uno de los mecanismos sociales fundamentales por los que se fuerza a la mujer a una situación de subordinación respecto del hombre” (Maqueda Abreu, 2006, p.3).

Según la encuesta de “Violencia sexual en Puerto Rico” llevada a cabo cada dos años por el Departamento de Salud, en el 2005 45,181 personas reportaron haber sufrido una experiencia de agresión o violencia sexual. En el 2007 fueron 54,064 y en el año 2010 el número subió a una cifra de 79,580. En contraste, las estadísticas de los casos reportados al Departamento de Policía de Puerto Rico en el 2011 sugieren una cifra considerablemente menor: 2,173 personas. Cabe recalcar que en un 73% de los casos reportados las víctimas eran mujeres y que en 84% de todos los casos las víctimas eran menores de edad. Según el Departamento de Justicia de Estados Unidos, 1 de cada 6 mujeres ha sido víctima de algún tipo de agresión sexual mientras que 1 de cada 33 hombres ha sido víctima de algún tipo de agresión sexual. La directora del Centro para Víctimas de Violación Rebecca Ward indica que las poblaciones o grupos más vulnerables a ser violadas son las personas con discapacidades ya sea físicas o cognitivas, las personas inmigrantes e indocumentadas, las mujeres y los menores de edad (El Nuevo Día, 2014).

Las violaciones sexuales constituyen uno de los mayores problemas de seguridad y salud pública a nivel mundial. La mayoría de las víctimas son mujeres, sin embargo cada vez nos damos cuenta de que los hombres también pueden ser victimizados. Hemos visto, que la violación y su conceptualización sobretodo en el plano legal y teórico se encuentra atravesada por una ideología patriarcal en donde se considera como un suceso natural, histórico y, por tanto, justificable en muchas ocasiones. El discurso sobre la sexualidad, el género y el poder es asimétrico, violento pues construye al hombre como dominador y a la mujer como sumisa. A modo de cierre, considero que es de suma importancia analizar la problemática de las violaciones, agresiones y abusos sexuales desde un paradigma construccionista que tome en consideración las ideologías que se transmiten en los discursos que permean en los procesos de socialización de los géneros (femenino, masculino) y que influyen en las instituciones, las opiniones y las definiciones y teorías. Se debe considerar la perspectiva de género como paradigma explicativo para poder acercarnos a este fenómeno desde un punto de vista crítico que busca desenmascarar la supuesta naturalización, imparcialidad de nuestras realidades.

Referencias:

Alza en las agresiones sexuales en Puerto Rico. (3 de septiembre de 2014). El Nuevo Día.

Data Collection: National Crime Victimization Survey (NCVS). (s.f.). U.S. Department of Justice. Recuperado de http://www.bjs.gov/index.cfm?ty=dcdetail&iid=245

Maqueda Abreu, M.L. (2006). La violencia de género: Entre el concepto jurídico y la realidad social. Revista Electrónica de Ciencia Penal y Criminología, 8(2), 1-13.

Organización Mundial de la Salud. (s.f.). Violencia contra la mujer. Recuperado de http://www.who.int/topics/gender_based_violence/es/

 

Foto I.L.P.Irene Lafarga Previdi

irene.lafarga@gmail.com

Estudiante graduada de psicología Social Comunitaria de la Universidad de Puerto Rico con interés en la investigación e intervención sobre temas diversos como la trata humana, la alfabetización de adultos, y asuntos de género y sexualidad.

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Diálogo y presencia como alternativas ante la violencia

Los conflictos son parte de nuestras vidas. Por tal razón, donde haya seres humanos, habrá conflictos. Nuestras comunidades enfrentan de modo cotidiano el reto de lidiar con los conflictos y no siempre cuentan con las destrezas apropiadas. Sin embargo, existen alternativas para que los conflictos no se conviertan en violencia directa. Creo fielmente, que la violencia es prevenible.

Por estas razones me he dedicado a estudiar el fenómeno de la violencia y a buscar alternativas (modelos, estrategias, etc.) para prevenirla. Como el resultado de esta búsqueda he creado el Modelo Loiceño de Mediación Ciudadana (MLMC). El MLMC analiza las estrategias que se utilizan en el programa Acuerdo de Paz para la prevención/interrupción de la violencia en Loíza. El modelo utilizado por este programa entiende la violencia como un problema de salud pública y prioriza la mediación de conflictos y el diálogo como medio para lograr acuerdos comunitarios, entre los jóvenes, que redunden en menos violencia, tiroteos y asesinatos. Acuerdo de Paz está basado en el “Cure Violence Model” desarrollado por el epidemiólogo Gary Slutkin y la Universidad de Illinois, en Chicago. Este modelo basado en la experiencia, entiende la violencia como una enfermedad y utiliza estrategias desde la epidemiología para contrarrestarla. Desde su implementación en comunidades de Chicago, hasta la experiencia en Loíza, este modelo ha tenido logros significativos e impresionantes, como lo fue una reducción de un 53% en los asesinatos del municipio de Loíza para el año 2012.

El MLMC es el resultado de un proceso de sistematización de la experiencia donde se recopilan las mejores prácticas desde la experiencia de sus protagonistas: La comunidad. 

Screen Shot 2016-06-01 at 11.20.38 AM.pngLa iniciativa buscar establecer proyectos comunitarios para la prevención de violencia dirigidos a jóvenes de alto riesgo, en comunidades de alta incidencia criminal. Los resultados finales centran al diálogo y la presencia de líderes comunitarios negociando en la comunidad como los pilares fundamentales del programa. He diseñado, a su vez una guía comunitaria que puede servir a cualquier comunidad con circunstancias similares a establecer un modelo de mediación ciudadana en su comunidad para la prevención, reducción e interrupción de violencia.

El modelo ha sido presentado en la Conferencia Avances en la Investigación y Acción con la Niñez y Juventud, que celebró el pasadado mes de septiembre la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Mayagüez, en la Convención Anual de la Asociación de Psicología de Puerto Rico y en la Conferencia Puertorriqueña de Salud Pública. Estas prácticas han sido documentadas para uso de otras comunidades que quieran desarrollar iniciativas para la prevención y reducción de violencia.

 
942865_1001191469968710_5655177000499493383_n.jpgJohn Paul Ayala, es psicólogo social-comunitario, mediador de conflictos y proveedor de adiestramiento certificado por el Negociado de Métodos Alternos para la Solución de Conflictos del Tribunal Supremo de Puerto Rico.

 

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Si no es ahora, ¿Cuándo?: prevención de violencia y comunidad

Llevo varios años trabajando con prevención e implementando el Modelo de Prevención Estratégica, promovido por el Centro de Prevención de Abuso de Sustancias (CSAP por sus siglas en inglés). Éste es un modelo que integra la participación comunitaria y promueve el cambio tanto a nivel individual como ambiental. Además, está enmarcado en la sustentabilidad (tanto económica como del esfuerzo a largo plazo) y la competencia cultural (que lo que se haga realmente responda a la población y al contexto donde se implementa).

El Modelo consiste de los siguientes pasos:

  • Estudio de necesidades y recursos: en este paso, a través de la recopilación de datos, se identifican las necesidades y prioridades, los recursos y el apresto (disposición) de la organización, del equipo de trabajo y de la comunidad. Se pueden utilizar diversos métodos: entrevistas a personas clave, grupos focales, encuestas, cuestionarios. Se recomienda la combinación de metodologías cuantitativas y cualitativas.
  • Capacitación: en este paso se capacita a la organización, al equipo de trabajo y a la comunidad para que puedan atender las necesidades y prioridades que se identificaron en el paso 1.
  • Planificación: en este paso se desarrolla un plan estratégico basado en datos científicos así como un modelo lógico (representación visual del proyecto). Además, se seleccionan las prácticas basadas en evidencia que se van a implementar.
  • Implementación: en este paso se implementa el plan estratégico considerando la adaptación cultural así como las prácticas basadas en evidencia que se seleccionaron según las necesidades y prioridades identificadas en el Paso 1.
  • Evaluación: en este paso se evalúa la implementación que se hizo en el paso anterior. No obstante, la evaluación es algo que se hace durante todos los pasos del Modelo ya que es importante identificar aquello que debe corregirse, fortalecerse o cambiarse.

Cada paso, aunque aparentemente sencillo, requiere que se lleve a cabo de manera concertada y con la inclusión de las personas afectadas / impactadas por el problema que se trata de prevenir. Por ejemplo, si este modelo fuera a implantarse para prevenir alguna manifestación de la violencia es importante que se incluyan las voces de las personas que de alguna manera viven y “conocen” cotidianamente dicha manifestación, que se incluyan diversos sectores sociales que tengan la voluntad de aunar esfuerzos en esta prevención, que haya una participación real a través de todos los pasos del Modelo y que el proceso sea guiado por datos epidemiológicos para evitar “dar palos a ciegas” y no dejarse llevar por el “yo creo que esto funciona” o por el “a mí me dijeron que esto funcionaba”.

Recordemos que la violencia es un fenómeno complejo con múltiples manifestaciones. Por lo mismo, esta complejidad debe ser considerada al momento de recoger los datos para identificar las necesidades y las prioridades con las que se vayan a trabajar al igual que cuando se seleccionen las prácticas basadas en evidencia que se van a implementar. Es importante que estas prácticas sean adaptadas culturalmente ya que cada comunidad tiene sus particularidades y puede ser que lo que en el escenario A sea un “éxito” simplemente no funcione en el B.

A mi entender, este Modelo puede utilizarse para prevenir la violencia en Puerto Rico. Tuve la oportunidad de implementarlo para prevenir el consumo de alcohol en menores y la verdad es que los resultados fueron muy satisfactorios además de que la comunidad se apoderó del proceso e implementó estrategias para promover el desarrollo saludable de la juventud.

Yo creo que no hay que esperar a que surja el problema para entonces prevenirlo. Por lo tanto, creo que la violencia es prevenible y que es hora de utilizar modelos que funcionan en vez de utilizar aquellos que ven la punición como la única alternativa.

 

 

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La doctora Yesenia Delgado Castillo es psicóloga social comunitaria con experiencia en la implementación del Modelo de Prevención Estratégica y en procesos comunitarios.

 

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La trata humana: Una forma de violencia estructural e individual

La trata humana es una forma extrema de violencia que violenta los derechos humanos básicos de autonomía, agencia y poder. Esta modalidad de explotación es diversa, compleja e interseccional lo que supone un reto para investigar, prevenir y perseguir. Según el Protocolo de Palermo la trata o tráfico de personas es la captación, el transporte, la acogida, o la recepción de personas, recurriendo al uso de la fuerza u otras formas de coacción, el rapto, el fraude, el engaño, al abuso de poder o de una situación de vulnerabilidad, o la concesión de pagos o beneficios par obtener el consentimiento de una persona que tenga autoridad sobre otras para propósitos de explotación. Esa explotación incluye como mínimo, la explotación de prostitución u otras formas de explotación sexual, los trabajos o servicios forzados, la esclavitud o las prácticas análogas a la esclavitud, la servidumbre o la extracción de órganos.

 
La trata humana es un fenómeno de alcance mundial que constituye uno de los tres mercados ilícitos de mayor ingreso junto con el narcotráfico y tráfico de armas. Se considera una violación a los derechos humanos debido a que se recurre al abuso de poder para obligar, ya sea por medio de amenazas o engaño, a las personas a llevar a cabo tareas de carácter explotativo que denigran su libertad, salud física y mental. Según la literatura la mayoría de las víctimas y sobrevivientes de este tipo de crimen son personas vulnerables debido condiciones como la pobreza, el desempleo, el analfabetismo, historial de abuso físico, sexual, emocional o de sustancias, pertenencia a gangas, el deambulismo, el estatus migratorio, la falta de redes de apoyo (Ribando Seelke, 2011). De acuerdo a estadísticas existen alrededor de 12.3 millones, aunque hay diferentes fuentes con diversos números, de víctimas a nivel mundial; las mujeres y niñas conforman el 56% mientras que los hombres y niños el 44% (Hepburn y Simon, 2010). Se sabe que la pobreza es un fuerte predictor para llegar a ser víctima de la trata humana pero por otro lado también se encuentran la corrupción gubernamental y el sistema económico neoliberal propician que se pueda sostener esta práctica.

 
También en la literatura se han identificado factores de empuje (push factors) tales como la pobreza, la falta de oportunidades económicas, la inestabilidad política y factores de halar (pull factors) como la demanda de trabajadores, la facilidad de acceso, el costo del viaje para describir y comprender este complejo fenómeno de violencia extrema (Jac-Kucharski, 2012). Es importante atender esta problemática desde un nivel local, regional e internacional a través de alianzas entre sectores públicos y privados. Por un lado es importante la prevención a través de la educación en las comunidades a través de talleres y campañas mediáticas, la modificación de prácticas culturales y la transformación de un sistema económico que ha permitido que el cuerpo se convierta en una mercancía, un objeto. Por otro lado es importante la investigación para describir y comprender esta problemática compleja, interseccional y diversa que nos afecta a todos y todas de manera implícita y explícita.

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Irene Lafarga Previdi

irene.lafarga@gmail.com

Estudiante graduada de psicología Social Comunitaria de la Universidad de Puerto Rico con interés en la investigación e intervención sobre temas diversos como la trata humana, la alfabetización de adultos, y asuntos de género y sexualidad.

 

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Comité de Interacción Ciudadana Policía de Puerto Rico y su rol en la Prevención de la Violencia

¿Nacemos con la predisposición de ser violentos o aprendemos conductas violentas? Estas interrogantes se han presentado en la historia de las culturas para poder investigar y explicar la manifestación de la violencia. Existen diferentes marcos teóricos que buscan conceptualizar su significado y cómo prevenir que ésta se manifieste directa o indirectamente entre nosotros/as.

En Puerto Rico, las noticias constantes de actos violentos asociados al trasiego de drogas, violencia de género, maltrato de menores, abusos contra personas de edad avanzada o actos de violencia hacia las personas con discapacidad no son la excepción. Son varios los gobiernos que públicamente hablan de estrategias policíacas y/o jurídicas para trabajar con este problema social. Pero, ¿qué sucede cuando el gobierno, mediante los componentes de seguridad, (Policía de Puerto Rico) es quien violenta los derechos de los ciudadanos? ¿Qué podemos hacer cuándo la agencia encargada de velar por nuestra seguridad y protección falla en sus funciones y atenta contra nuestros Derechos Civiles?

En el 2008, el Departamento de Justicia de Estados Unidos comenzó una investigación por alegaciones de uso excesivo de la fuerza por parte de miembros de la uniformada de la Policía de Puerto Rico (PPR). El 5 de septiembre del 2011 termina la investigación con un Informe de Hallazgos, entre ellos: Uso excesivo de fuerza, Conducta dirigida a suprimir el ejercicio de Libertad de Expresión; Registros y Allanamientos sin justificación. A raíz de este informe la Policía de Puerto Rico, el Estado Libre Asociado y el Departamento de Justicia de Estados Unidos comenzaron esfuerzos en colaboración para lograr una Reforma Sostenible de la Policía de Puerto Rico. Como parte de los requerimientos que establece la Reforma surge el Comité de Interacción Ciudadana.

Los comités están distribuidos en las 13 áreas policíacas y un comité a nivel central (Cuartel General). Cada comité cuenta con la representación de diferentes sectores de la comunidad:

Campo de Salud Mental, Víctimas del Crimen, Comunidades Extranjeras Residentes en Puerto Rico, Comerciantes, Representantes de la Juventud, Sector Docente Educativo, LGBTTIQ, Base de Fe, Comunidad en General, Personas con Discapacidad y Personas de la Tercera Edad.

Desde el momento en que supe de la selección de personas para el desarrollo del Comité entendí que era una gran oportunidad de marcar la diferencia. Ser parte del proceso de reformar los procedimientos de la policía para garantizar su capacitación, profesionalismo y competencia nos permite determinar si su efecto es positivo y responde al bienestar de nuestra sociedad. Nuestra misión es facilitar la comunicación y la cooperación entre los líderes comunitarios y la PPR. De esta forma buscamos promover la colaboración en la solución de problemas, prevención del crimen, crear confianza y respeto mutuo y trabajar en conjunto con la ciudadanía. Buscamos crear alianzas con otros grupos, asociaciones y/o Comités cuyo objetivo sea promover estrategias que permitan fomentar una cultura de paz, armonía y comunicación efectiva entre todos los componentes sociales.

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Elitzia J. De Jesus Torres
Portavoz Comité Interacción Ciudadana

Area Fajardo

 

 

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¿Y ahora qué? Qué hacer ante una sospecha o conocimiento de un evento de abuso sexual

 

 

Muchos de los problemas que nos aquejan socialmente se hacen visibles cuando son reseñados en la prensa de nuestro país. Cada vez más son los casos de abuso sexual infantil reportados y, a su vez, presentados en los distintos medios de comunicación. Estos niños son parte de un núcleo familiar, de una comunidad escolar y de un sistema responsable de velar por su seguridad y bienestar físico, psicológico y emocional. Cuando ocurre un evento de esta índole, todo a su alrededor parece colapsar.

La identificación temprana es una de las mejores herramientas para intervenir a tiempo en estos casos. Es importante prestar atención a los indicadores físicos, emocionales y conductuales que presente el/la menor. Estos pueden ser, pero no se limitan a: curiosidad excesiva por el sexo, conocimiento excesivo sobre la sexualidad y no adecuada para su etapa de desarrollo, aislamiento social, conductas sexualizadas con compañeros de su clase, miedo, tristeza, ansiedad, problemas de aprendizaje, problemas físicos o médicos como enfermedades de transmisión sexual, infecciones recurrentes, dolor al caminar, entre otros. Cabe señalar que algunos de los indicadores por sí solos no son concluyente de un abuso sexual pero permite estar alerta y tomar acción ante estas conductas poco esperadas. Ante esto, una recomendación a evaluación médica es pertinente para auscultar el área física. Es menester hacer la aclaración que el abuso puede no haberse dado mediante penetración por lo que también es necesario reconocer los cambios emocionales y conductuales.

El abuso sexual en sí, constituye una amenaza a la estabilidad mental, física y emocional de un menor y su impacto se ve reflejado en todos los sistemas en los cuales el niño se desenvuelve y se desarrolla. Muchas veces ante una sospecha o conocimiento de abuso sexual, muchos padres no saben qué hacer o a dónde acudir. La ley 246, conocida como “Ley para la Seguridad, Bienestar y Protección de Menores” aprobada el 14 de diciembre de 2011, es clara al establecer que existe una responsabilidad del Estado de asegurarle a ese menor su bienestar y seguridad (Articulo 13). El Estado debe asegurarse que el menor esté protegido ya sea si se tiene conocimiento o se sospecha que un menor está en riesgo de sufrir algún daño. (Ley 246, 2003).   Por tanto, es importante que ante un caso de abuso sexual o sospecha, se lleve a cabo los pasos necesarios para referirilo a las autoridades perinentes, de manera tal que se garantice la seguridad inmediata de ese menor.

Posterior a la querella, no se recomienda que se le bombardee al menor con preguntas sobre el evento durante el proceso investigativo ya que esto pudiera afectar dicho proceso. Documente todo lo que lleve a cabo incluyendo la información de la persona que toma el referido y el número de querella. De igual forma, es importante crear expectativas reales. Esto incluye que tanto la menor como la familia va a estar inmersa en un proceso legal que conlleva tiempo, múltiples entrevistas y la estabilidad familiar y económica se podría ver trastocada, especialmente si el alegado/a agresor/a guarda un vínculo consanguíneo o emocional con la víctima y sus familias. De igual forma, se debe orientar y estar claro que de no llevar a cabo el debido referido podría incurrir en negligencia por parte de los adultos a cargo del menor. Una vez concluida la investigación pericial, es importante comenzar un proceso de ayuda psicológica que permita reestablecer, en la medida que sea posible, la estabilidad emocional del/a menor de modo tal que alcance la resiliencia.

 

Recursos de la Comunidad:

  • Centro de Ayuda a Víctimas de Violación (787) 765- 2285 y línea libre de costo 1-800- 981-5721.
  • PAF: Programa para Víctimas de Abuso Sexual y sus Familias (Universidad Carlos Albizu) San Juan, teléfono (787) 724- 2222, 2227, 2253. Referidos por el Departamento de Familia
  • División de Delitos Sexuales (787) 269-2030, (787) 269-2424
    4117, 4118, 4119, 4876.
  • Emergencias Sociales (787)749-1333

 

Pofoto.jpgr: La Dra. Rebecca M. López Bobbins es psicóloga escolar certificada en abuso sexual. Además es profesora y supervisora de práctica en la Universidad Carlos Albizu y Universidad Interamericana de PR.

Tél. (787)762-6999/ Correo electrónico r.lopezbobonis@gmail.com

 

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